La Cara Oculta del Cotopaxi. (The Hidden Face of Cotopaxi)
Last weekend, we tried to climb Cotopaxi by the route in the south face, we didn´t reach the summit, but the mountain gave us a great lesson. Jose Andrade, director of the School of Mountaineering of Pichincha (EPAM) shares his experience in the Cotopaxi. This is a wonderful guest post in Spanish. Enjoy it!
“The hidden face of Cotopaxi” (La Cara Oculta de Cotopaxi)
Para todos es conocido lo popular que se ha vuelto el Cotopaxi; como el volcán activo mas grande del mundo, el cono perfecto, objetivo de muchos montañeros nacionales y extranjeros, incluso objetivo de personas que no practican el andinismo y que tan solo quieren cumplir un sueño, llegar a su cumbre. Muchos iniciamos así.
Mucha gente lo quiere subir, mucha gente quiere llegar a su -mal llamado- segundo refugio (cabe aclarar que el Cotopaxi cuenta en su cara norte, con un solo refugio), mucha gente simplemente quiere estar en sus faldas… en sus nieves perpetuas, mucha gente quiere descender desde su parqueadero hasta la laguna de Limpiopungo en bicicleta, en definitiva tener un contacto con este coloso. Para las agencias de turismo es un negocio redondo, pues su fama ha hecho que se creen toda clase de tours en esa zona.
El Cotopaxi es un símbolo del montañismo comercial del Ecuador y por lo tanto víctima de su propia popularidad. Los ejemplos sobran en el mundo, el Everest en Asia, el Mont Blanc en Europa, el Huascaran en Perú, el Aconcagua en Argentina, el Denali en los EEUU, etc. Su masificación comercial conlleva muchos beneficios económicos, pero también conlleva mucho impacto al frágil ecosistema que los envuelve. Es por esta razón que me había alejado del Cotopaxi. Deben ser más de 2 años desde la última vez que hice cumbre del Coto, mucho tiempo ha pasado.
Montañas como el Cayambe, Iliniza Sur, Chimborazo, Antisana, por nombrar pocas, han logrado de alguna forma guardar esa magia de soledad e intimidad que tanto disfrutamos los montañeros.
Pero qué culpa tiene el Cotopaxi de todo esto?… quién tiene la culpa de todo lo que pasa con el Cotopaxi?… sería en vano y hasta enfermizo buscar culpables, hay que buscar una solución, una alternativa a todos esto y la hay.
El Cotopaxi guarda esa magia en su cara sur y como primer paso para una definitiva reconciliación con esta hermosa montaña, junto con Carolina y otros amigos de montaña, decidimos ir en busca de su cumbre sur, cumbre a la que había subido hace ya 4 años.
Después de los inevitables imprevistos y contratiempos nos reunimos en Aloag a las 10:30 y sin más demora nos dirigimos hasta las cabañas de Eduardo Agama, ubicadas cerca de la vaquería de Ticatilin.
Luego de mas de 3 horas de caminata llegamos al lugar donde se monta el campamento a 4600 msnm, desde este punto se tiene una vista impresionante del Cotopaxi. El “ataque” a la cumbre lo iniciamos a la 01:30 de la madrugada. El camino hasta la entrada del glaciar, que inicia a los 4900 msnm es bastante lógico. Por ser una ruta poco frecuentada -a pesar de la infraestructura con la que cuenta- casi nunca se encuentra huella de la ruta y es en estos momentos donde le damos la razón a Joan Manuel Serrat cuando dice… “Caminante no hay camino se hace camino al andar…”.
Como no existe montaña que no sea caprichosa -y quizás sea una de las razones por las que nos sentimos atraídos por ellas- al llegar a los 5300 msnm nos encontramos con unas grietas gigantes. Que se la va hacer… bordearlas y seguir buscando camino. Subir, bajar, volver a subir, regresar el camino andado y seguir buscando paso, esto lleva mucho tiempo y esfuerzo.
Al parecer encontramos la arista que nos llevaría a la cumbre. Seguimos subiendo hasta los 5500 msnm pero el tiempo y la nieve no nos permitían continuar, era demasiado tarde y las condiciones de la nieve eran pésimas, en forma democrática y con un 75% de los integrantes a favor decidimos regresar.
En esta ocasión la cumbre quedo pendiente, pero ninguna reconciliación es fácil, hay muchos pretextos para volver y al final de cuentas la cumbre es uno de los tantos momentos que vives y compartes en una salida a la montaña. Lo mas importante es que encontramos ese Cotopaxi solitario, inhóspito, natural, salvaje quizás y hasta cierto punto libre de toda esa maquinaria comercial que lo envuelve en su cara norte.
Toda montaña, por masificada que sea, guarda esta cara,
solamente debemos estar atentos y saber escuchar su llamado
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